sábado, 5 de marzo de 2011

La de Minería, una feria que conserva a su público

La de Minería, una feria que conserva a su público Su espacio ya no puede crecer, no reúne a grandes figuras internacionales pero sigue siendo una gran fiesta de lectores VISITANTES. La feria del libro más antigua del país recibió en esta ocasión más de 120 mil visitantes en sus 12 días (Foto: ALMA RODRÍGUEZ EL UNIVERSAL ) Enviar por email Reducir tamañoAumentar tamañoImprimir Sábado 05 de marzo de 2011 Yanet Aguilar Sosa | El Universal Comenta la Nota yanet.aguilar eluniversal.com.mx Los cambios en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería (FILPM) son imperceptibles. Las editoriales casi nunca invitan a un escritor extranjero con el argumento de que “para eso está Guadalajara”; es una feria hecha en el sentido de que ha llegado a un tope, los muros del recinto le impiden cualquier crecimiento y el programa de actividades, que ya rebasa las mil y tantas presentaciones, conferencias, mesas redondas y lecturas en voz alta, no puede incluir un evento más. Sin embargo, esa feria del libro que es la más antigua del país, mañana concluye su edición 32, alcanzando sus cifras máximas en visitantes que son unos 120 mil en 12 días. Lo cierto es que en los miles de visitantes no están sus logros, Guadalajara llega a tener más de 600 mil visitas, pero el gran valor de la feria del libro en el Palacio de Minería está en el perfil de sus visitantes: universitarios, académicos, estudiantes y familias completas. Aunque son varios los inconvenientes, son más los atractivos de esa feria organizada por la Facultad de Ingeniería de la UNAM, con apoyo de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem) y el Conaculta. Si en contra tiene que los fines de semana es imposible caminar por sus pasillos, a favor está el hecho de que sólo ella tiene como sede un palacio, con ex Capilla, salón de rectores y salón de actos; es un recinto con historia. Hay otras cuestiones. Tiene un programa de actividades envidiable, superior a las mil 100, aunque los fines es imposible estar en más de dos eventos continuos, porque duran unos 45 minutos y a veces hay que ir de un extremo a otro con “casco y hombreras”. Alfredo Herrera, editor de Verdehalago; Tatiana Nogueira, gerente de Mercadotecnia de Grupo Editorial Planeta y Cristina Álvarez, directora de promoción y ventas de Ediciones Tecolote, consultados por EL UNIVERSAL, celebran esta feria por su antigüedad, su tradición y por ver sus pasillos atiborrados de estudiantes y profesores. Institución con tradición y abolengo Al ser la primera feria del libro del año -abre los últimos días de febrero hasta los primeros de marzo- se convierte en el lugar donde las editoriales presentan sus novedades del primer trimestre, pero todos los escritores invitados para presentar sus libros son mexicanos. Tatiana Nogueira asegura que la de Minería no es una feria para escritores internacionales. “Tenemos la feria de Guadalajara, que da cabida a autores extranjeros y hay muchos autores mexicanos que necesitan foros, el hecho de que haya ferias como Minería, donde se les da un lugar a los libros de investigación y a los libros académicos, es fundamental. Más allá de traer a autores internacionales, empecemos a conocer a los autores que tenemos”. Fernando Macotela, director de la FILPM, asegura que si no hay escritores internacionales presentando libros es porque las editoriales no quieren. “Las editoriales no los quieren invitar y no tengo dinero para ello, no vienen, pero cada año está aquí la mitad de la plana de los escritores mexicano y el año entrante vendrá la otra mitad, que el año pasado no tenía libro y ahora sí”. El director de la feria desde hace 12 años celebra que en el programa ahora haya actividades de varios estados y universidades del país. Son 32 las ediciones que sustentan la historia de la feria y su tradición. Alfredo Herrera asegura que Minería es una feria muy antigua. “Yo fui a la primera edición y me acuerdo perfectamente que compré los Epigramas de Ernesto Cardenal en la edición de Tusquets que me costó un dineral porque eran carísimos; en esa época no llegaba Tusquets a México, por eso era una feria muy interesante porque no había ferias”. Pero, ¿esta feria es esperada? La respuesta es sí. “Es como la temporada de lluvias en el DF, uno sabe que es bueno pero la va a tener que sufrir. La feria es parte del decorado de la ciudad, uno no sabría que hacer sin la feria de Minería, en ese sentido, ya se volvió una institución y tradición absoluta” Con los años, esta feria se volvió pronto el escaparate para mostrar las novedades a principio de año. La gestión de Macotela ha probado muchas temáticas y va paso a paso. Entre sus aportes, calificados de importantes por los editores, está que ha ido ampliando la programación de actividades. Para Tatiana Nogueira, otro valor de este encuentro librero es que le da cabida a muchos libros que de otra manera no podrían presentarse, con temáticas académicas o de investigación; además de que es una feria muy del público de la ciudad, con autores entrañables. “No ha crecido sus espacios porque no se lo permite físicamente, pero sí ha cambiado sus esquemas de las presentaciones y las editoriales quieren llevar presentaciones a este público, el hecho de que los foros sean para 100 personas o poco más, en lugar de los mil que puede tener una presentación en Guadalajara, genera una relación muy íntima y acogedora entre el autor y el lector, que no generan otras ferias”, señala. Macotela acepta que la programación es aporte suyo, pero sólo es cuestión de organización y de interés por convidar a los editores y las facultades e institutos de la UNAM para que participaran con más actividades. Así pasaron de las 200 que se hacían a su llegada a mil 116 actividades que ofrece la edición de este año. “Antes sólo 2% eran eventos de la UNAM, ahora tiene 37% de la programación”. Para universitarios Justo el de los universitarios es el perfil que destaca Cristina Álvarez, de Ediciones Tecolote. Asegura que Minería no tiene la asistencia de Guadalajara pero que ha logrado captar a los universitarios y le gusta ver cómo van los muchachos y el público en general. “Sorprende ver cómo van las familias, cómo hacen fila para entrar a pesar de que se cobra. Es una feria para universitarios, pero van de secundaria, preparatorias y universidades y me gusta que los maestros universitarios se apoyen en este espacio para que los muchachos sean más lectores”. Ese perfil lo celebra Alfredo Herrera, “es rescatable que sea una feria de jóvenes, nada parecida a la Filij”. Si algo le llama la atención es que la feria la organiza la Facultad de Ingeniería. “No lo he acabado de entender, cómo una idea tan buena la tomó Ingeniería; claro, se nos olvida que ese lugar maravilloso es de ingeniería porque el Palacio tuvo que ver con minas y esta es una vocación cultural de la Facultad”. Aunque todos los editores reconocen que su perfil es muy universitario, Macotela dice que “no es una feria sólo para jóvenes. Las Jornadas Juvenil de lunes a miércoles son muy concurridas, pero los otros días además veo a mucha gente de todas las edades”. Un tianguis como el de Santa Cruz “Me mareo de ir, hay mucha gente, es un lugar intransitable pero al final es lo interesante de esa feria, es como un gran lugar para los libros”, señala el editor de Verdehalago, Alfredo Herrera. “Minería se volvió como un tianguis hasta en los ríos de gente, es como ir al Tianguis de Santa Cruz, uno sabe que se va a encontrar un montón de cosas pero en medio de un mar de gente. Nada más falta el regateo. Ese es el punto de Minería, como no pudo crecer porque el espacio no lo permite, se volvió lo más parecido a un tianguis con todos los beneficios y todos los problemas”, dice. Y es que el espacio es bellísimo pero implica limitaciones. Cristina Álvarez dice que el espacio es muy bueno igual que la oferta es positiva, pero “claro, no tiene para dónde crecer”. El espacio es el elemento que deben sortear las editoriales trasnacionales. Grupo Editorial Planeta no cabe porque es un espacio muy chiquito el que tienen, pero es uno de los stands más grandes- y es que “el fondo editorial de Planeta es muy grande, sin embargo es un espacio que ha funcionado bien”. Fernando Macotela sabe de los problemas del espacio y como la feria no puede crecer lo que han hecho es depurar a los expositores. Recuerda que cuando llegó se vendían trencitas y llaveros, lo que él hizo fue negarles la renta y aceptar a editoriales que estaban en la lista de espera, a los únicos que ha dejado son a algunos productores de discos, pero el año próximo planea proponerles estar en un solo espacio que sea muy identificable. Sin competencia en la ciudad La FIPLM no ve ninguna competencia con la Feria del Zócalo, pues el público es muy diferente. Macotela y los editores coinciden en que la del Zócalo está más dirigida al público en general y es más bien de saldos, mientras que Minería es para público que ya es lector y aquí hay novedades. Nogueira dice que Minería y el Zócalo no se roban auditorio, pues además de son en semestres distintos, se dirigen al público distinto. Macotela señala que en el Zócalo es para los ciudadanos que van de paso y encuentran títulos a bajo costo porque son saldos. Alfredo Herrera sí ve competencia, justo por los saldos que ofrece; aunque dice que en Minería todavía hay distribuidores que vende mucho. “Conozco a gente que en Minería saca el año, distribuidores de saldos que dicen yo puedo facturar dos millones de pesos en Minería y con eso vivo el año; claro, son saldos de grandes editoriales que se venden a 20, 30, 40 pesos”. Sin embargo, Herrera llama a no criticar la feria pues “es una de las buenas cosas que pasan en la ciudad de México; no tengo duda en decir que todos tenemos un buen recuerdo de la Feria de Minería”.

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